Noviembre 2007


Atardece; y mientras ella se consumía en la mesa de aquel café del centro, su cigarro aguardaba en el cenicero con la esperanza de que alguien le besara. No sabe si él se acordará, no sabe siquiera cuánto tiempo pasará… Y mientras dubitativamente toma a sorbos el café con leche, con la tensión del cantante en su debut, las manecillas del reloj elevan al tedio todo el universo con su avance dictatorial, absurdo y rencoroso. Quieta ella en esa silla, en esa mesa, va apagando poco a poco su café con leche y los cigarrillos que marcan la insoportable levedad del tiempo.

Y él no aparece.

La vida pasa, la gente pasa, el cigarro y las manecillas de ese reloj se consumen de la misma manera que se apaga la vida de un desahuciado en la cama de un hospital: tan lenta y dolorosamente que ni la más salada de las lágrimas, ni la más eterna de las paciencias la pueden consolar.

Rápida y delicada llega la noche. La obscuridad traga a la ciudad inundándola de alumbrado público… Y ella, tan delicada como una margarita, termina de deshojar su tiempo, su vida y su alma yaciendo sobre la mesa; únicamente acompañada de una taza vacía, un vaso con dos hielos fundidos y un cenicero abarrotado de colillas abandonadas al olvido.

Otro día, otro sueño, otra ilusión y otra canción de Leonor Watling inacabada.

Otra espera.

Eres la mano que acaricia mi rostro, la sonrisa de madrugada que da muerte a la noche.
Eres la mirada que envenena mis ojos e ilumina mi alma con la fuerza del plenilunio en verano. La voz que me reclama, el susurro que se esconde entre las hojas excitadas del otoño. Esa eres tú. Eres la brisa que acaricia las manos que levanto empuñadas cuando exijo, las manos con los que acaricio tus cabellos mientras duermes.
Eres el fuego que enciende mi maltrecho corazón; que me avisa de que tu sensación esta cerca, tratando de liberarse del presidio de mi pecho, con fuerza.
Eres la sonrisa que turba y llena de ilusiones. Eres el cielo, la luz, la luna, el sol, el fuego y la palabra. Eres tú, eres yo, Eres todos.
Eres la voz que me da ánimo en el campo de batalla; la musa que me ayuda a escribir compulsivamente, apuñalando con ira todas y cada una de las hojas de mi bloc. Eres el espíritu que toma mi pluma haciendo que ésta cobre vida. Eres el sudo que se escapaq por entre los poros de mi frente, destilando mi ira. Y en un segundo, tu ruido se convierte en silencio…



El sabor de la fruta fresca, el aroma que se adivina entre tu pelo, las ganas de verte y sentirte, las ganas de tí, de tocarte, de abrazarte, de besarte… Eres mis ganas de secuestrarte entre mis brazos. Eres una lágrima; uni gemido; un temblor que recorre mi espalda…
Eres la voz al otro lado del teléfono, el murmullo leja no ue me dice “¿estás bien?” o “siempre sale el sol”. Eres las voces que animan a pintar en las paredes las pasiones y virtudes que mueven éste planeta. Eres mi miedo, mi ánimo, la revuelta de almas que me llaman a luEchar…

Somos el ejercito invisible que un día iluminará la tierra. Un ejercito de locos, desviados, viciosos y poetas. Desordenados y amantes de de nuestra basura y del planeta.
Nos alzamos en armas y despertamos a los vecinos. Unos nos llaman vándalos; otros, terroristas… hay quien nos considera héroes, pero no somos mas que un simple ejército de desheredados y malditos. Salimos a las calles y arrestamos a la cordura. Reímos como niños, lloramos como viejos exiliados al mundo de los solitarios. Con el sigilo del felino levantamos nuestras plumas, los cinceles, los carbones y nuestros puños; y con el sentido revolucionario del guerrillero cambiamos de nombre a las calles, las cabinas, las reglas… Llegó el día que los visionarios de París vaticinaron: bajo los duros adoquines de las calles descubrimos la playa que un día, tiempo atrás, un tirano cubrió para matar a la primavera.
Los muertos vivientes de El Cairo van a salir de su cementerio en el que han permanecido recluidos, secuestrados.
Los niños levantan sus manos pintadas de témpera en lucha, los miserables toman los palacios, congresos, ministerios y fondos monetarios.
Somos el ejército invisible, armado de palabras, con los fusiles cargados de claveles, capitaneados por mandos que ríen, lloran y sienten. Somos el ejercito invisible que abre las grandes alamedas, dejando pasar a los hombres y mujeres que gritan libertad, manteniendo vivo el sueño de Allende.
Somos un ejército que rechaza el orden establecido, un grupo de personas que no conocen los países, las fronteras, los ríos, los montes… los idiomas. Personajes apátridas conscientes de que mañana saldrá un sol brillante que iluminará nuestros rostros, que bañará los valles de sol, que irradiará su calor en las vaguadas. Somos el ejercito de los locos, de los incomprendidos que ven a la noche como un momento íntimo, que ven al amor con el arma que neutraliza a las balas; que ven a la filosofía y a la pasión como elementos sacros, como su religión.
Somos el ejercito de los desterrados, el ejercito del preso, el ejercito del hambriento. El núcleo duro que un día, mucho más temprano que tarde, cambiará los destinos, encerrará a los dioses, abrazara a los hermanos que en su locura fueron encerrados en la tiniebla. Un ejercito de infelices que aman, besan, respetan, cuidan, añoran y quieren…
Y en la mañana, con el lucero del alba, el ejercito invisible desciende por el valle dispuesto a tomar Esparta. Los niños malnacidos, deformes, y abortados se levantan y escalan la roca Tarpeya dispuestos a vengar a sus madres. Llegó la hora de los malditos, el turno de los infortunados. La Plaza de la Paz es nuestro fortín, nuestra base, nuestro polvorín.
Ellos son mas fuertes, tienen armas de destrucción masiva, virus y bacterias, aviones caza, tácticas bélicas, dinero, petróleo, poder… Pero nosotros tenemos el fuego y la palabra, la poesía, la filosofía, la pintura, la literatura… las mentes de esos charlatanes a los que nadie hacia caso; tenemos la razón, el amor… El ejercito invisible no se amilana, el ejercito invisible no pelea, el ejercito invisible no necesita campos de batalla. Nuestros cuarteles son los bares; nuestras saetas, nuestras plumas, nuestro frente y nuestras trincheras son las calles. Nuestro rastro de destrucción no existe. Nosotros no destruimos, construimos.
Para ser soldado de este ejercito invisible no hay que pasar duras instrucciones militares. No hay que entrenar, no hay que muscular brazos y piernas. Para ser soldado de nuestro ejercito no se puede odiar, no se puede matar, no hace falta soportar duras pruebas. Solamente hay que pensar, amar, sentir y anhelar.
El soladado del ejercito invisible es capaz de llorar, de besar y ve que en la debilidad está la fortaleza.
El ejercito invisible ve a l enemigo como a un hermano al que han cercenado las alas. Ve al poderoso como alguien al que hay que despertar, están ebrios de poder, han sucumbido a la adormidera.
Al alba y con viento de levante, el ejercito invisible extiende las velas, suelta amarras y sale del puerto. Navega duro entre las aguas plateadas hasta avistar la isla de los locos que un día imaginó Tomás Moro. El ejercito invisible toma Utopía y la transforma en realidad.
Extiende su imperio por el planeta y transforma el asfalto en parque, los desiertos en cultivos, las lágrimas en risas.
Allí donde todo era destrucción, nuestros hijos conquistan y juegan agradeciendo nuestra lucha y jurándonos continuar nuestra batalla.
El ejercito invisible existe. Está latente esperando al mañana. El ejercito invisible no muere, no pierde… porque cuanto más tratan de diezmarlo, más fuerte se hace.

Dentro de dos añitos se supone que sucederá el apagón analógico, y el gobierno anda medio mosqueao porque ve que la gente no utiliza la TDT ni aunque sea sábado por la tarde. Internet está ganado la batalla a la televisión, y las cadenas no se esfuerzan lo más mínimo en poner una programación aceptable en sus cadenas digitales… A propósito del tema, los de Muchachada Nui ya han hecho este pequeño documento tronchante…

Hay que ver el programa los miércoles en la 2, ¿eh?… Ya nos lo dijo Tita.

Si hay alguien en este país que ha llevado a cabo un ascenso meteórico a las más altas capas de la popularidad, ese es el pequeño peluquero Alcaraz. Se erigió como el defensor de las víctimas del terrorismo, el líder de la AVT, el estandarte del sufrimiento de quienes había perdido un trozo de vida en las brutales acciones de ETA; para poder alcanzar la dignidad que se merecen las víctimas. En parte lo consiguió. Lo consiguió a costa de politizar algo tan sumamente serio como son las víctimas del terrorismo etarra, y de dividir a una sociedad que tiene que honrar a los inocentes que han caído por culpa del delirio terrorista, a la vez que mirar al futuro con la esperanza de paz.
Alcaraz consiguió enfrentar y llevar por todos los rincones de la Castellana el rencor y el odio guerracivilista que algunos deseaban que resurgiera con fuerza. Pudimos ver a la España trasnochada, la del águila de San Juan, la del yugo y las flechas, la de la camisa azul y el grito en el cielo. Consiguió que un partido democrático (el único que representa a la derecha española) deje de representar a un arco ideológico tan grande y se desvíe hacia la oscura extrema.
Hoy Alcaraz compadece ante un juez. Está acusado de llamar al gobierno “embajador de ETA”, de “alegrarse junto a los separatistas y el brazo político de ETA” y de varias injurias más hacia el gobierno que hemos votado los españoles, y varios partidos que representan a un espectro muy amplio de la sociedad.
El PP debería cuestionarse hasta qué punto conviene políticamente dar voz a esta clase de exaltados como Alcaraz, y hasta qué punto conviene jugar con los sentimientos de quienes han perdido familia o posibilidades por culpa del terrorismo etarra. Alcaraz , aliado del Partido Popular, se ha convertido casi sin querer en el peor enemigo posible, a escasos meses de unas elecciones generales, del propio PP.
Las acciones del pasado siempre acaban cobrándose, tarde o temprano, y el PP no ha aprendido la lección. Acabará convirtiéndose en su propio enemigo.

La próxima vez que te vea me verás como un extraño que se acercó a ti de repente
La próxima vez que te vea me acercaré a ti sonriente y te diré ¿Qué tal?
La próxima vez que te vea me te preguntarás a qué se debe esa sonrisa
La próxima vez que te vea me acercaré a ti mirándote a los ojos
La próxima vez que te vea me encontraré con la playa de la que partieron tus sueños para no volver jamás
La próxima vez que te vea acercaré mis labios a los tuyos
La próxima vez que te vea beberé de la fuente de tus susurros
La próxima vez que te vea colisionarán nuestras almas
La próxima vez que te vea pensarás que soy un loco
La próxima vez que te vea…




La próxima vez que te vea meconvenceré a mi mismo de que el mundo no es lo suficientemente grande
La próxima vez que te vea… sabré por qué vivo
La próxima vez que te vea veremos juntos en el horizonte las costas de Ítaca.

Los mileuristas en general y los estudiantes inframileuristas en concreto tenemos que aprender recursos… Me he encontrado en Bottup con unos chavales que nos van a enseñar a comer barato barato…

Video1: Guiso de Pollo con patatas

Video 2: Patatas con mojo picón y chorizos a la sidra

No me acabo de cansar de leer 1984, la novela de George Orwell en la que se narra un hipotético futuro en el que el mundo había sucumbido al comunismo y el estado controlaba absolutamente todo. El comunismo, como ya sabemos, murió de un cáncer interno que tenía desde que nació, pero el sistema neoliberal y capitalista le ha dado el relevo controlador. Este libro es un pequeño recuerdo del futuro, de lo que nos va a pasar, de cómo va todo esto. No hay más que salir a la calle y ver cómo las cámaras de videovigilancia crecen como las amapolas. Control de nuestras contraseñas, DNI electrónico… Todo, absolutamente todo hace que nuestros datos sean susceptibles de ser archivados y clasificados, haciendo de nuestra sociedad un auténtico estado totalitario controlado por el Gran Hermano (qué compramos, dónde vamos, qué hacemos…) ¿Merece la pena éste sacrificio de libertades por la seguridad? ¿Merece la pena ser considerados sospechosos permanentemente? ¿Merece la pena que todos seamos el enemigo? El tiempo nos lo dirá… Pero yo creo que no.

Según la teoría clásica de Montesquieu, los poderes del estado (ejecutivo, legislativo y judicial) debían ser separados para garantizar la libertad del ciudadano, al no interferir éstos sobre las leyes dictadas. De este modo, una democracia perfecta sería aquella en la que los tres poderes estuviesen separados y en la que los ciudadanos eligiesen a sus representantes en los tres poderes… Elegimos presidente del ejecutivo (Poder Ejecutivo), elegimos diputados y senadores (legislativo) y ¿el judicial?
Hoy, trescientos años después, en un país al sur de Europa, seguimos cagandonos en los muertos, la raza y la madre de Montesquieu al ver cómo el Tribunal Constitucional no lo controlamos nosotros, el pueblo; pero lo controlan los políticos en sus tejemanejes… O al menos eso intentan…

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