A veces creo que soy despreciable. Creo que soy el único personaje del mundo que tiene un blog, no lo mantiene, y cuando se propone seguir a ello deja un post diciendo “vuelvo”. Cuando Josu me echaba la bronca el otro día, desde luego lo hacía con razón. Al pobre le traigo por la calle de la amargura.

El caso es que me animo a ello, que se lo debo a los pocos seguidores que tengo, como son quien se cae de la acera, la revoloteadora, y una vieja conocida con la que me he reencontrado que responde al nombre de Mari Trini Giner.

Y a Mari Trini le debo una disculpa, entre otras cosas porque me enlazó desde su blog, y sus lectores fliparían al ver el castillo abandonado del vagabundo.

Una de las cosas que se supone que tiene que pensar alguien que escribe, es… ¿Para quién? Desde luego no soy yo ahora un filósofo. Larra ya se lo preguntó hace tiempo. Pero… ¿Para quién escribo? Suena muy bonito decir eso de “para todo el mundo”… Sí. me gusta tanto que me gustaría responder esa frase hasta cuando me pidan la hora. Quizá lo que siento, lo que pienso, o lo que me gustaría decirle al mundo, no le importe a nadie una mierda. O no. La verdad es que tendemos a subestimarnos, a pensar que nadie quiere saber lo que creemos, sentimos o queremos; pero eso no es así. Por eso, más que para todo el mundo, preferiría escribir para quienes yo les importe algo, para quienes crean que tengo “algo”.

Seguramente, desde mi ventana, piense lo mismo de tí. Puede que piense que tienes “algo” por lo que merece la pena ponerse a escribir. Y quizá por ello, debería apostar por tí, debería atenderte, debería darte esa dosis de letras que necesitas.

Claro, que por otro lado, no puedo decir que me encuentre en mi cénit creativo (no contaríais con eso, espero). Sin embargo, aunque sean palabras que automática e inconscientemente salten del teclado a la pantalla, con el trampolín de mis dedos; podríamos decir que tienen sentimiento, porque no salen de la mente o del cerebro, sino del alma.

Josu, ¿Ves como ser impulsivo a veces tiene sus ventajas?

El caso es que lo dicho. Intentaré por ti hacer que estas palabras lleguen a ti, lector. Que tienes ese “no sé qué”