De repronto me he despertado a las cuatro de la mañana y me ha venido un ataque de inspiración. Sí, sí; ¡de inspiración! La verdad es que eso maravilla, es una especie de impulso, de foco que te ciega y te deja con los ojos malheridos por un momento sumiéndote en el desconcierto. Más bien no es inspiración como concepto romántico que todos tenemos, sino una pléyade de ideas que bombardean la mente y las retinas. Una cantidad inmensa de imágenes, sonidos, efectos, que invitan a actuar.
¿Sabéis? La verdad es que hace tiempo que no me sentía así. Mucho tiempo. Y es extraño (en absoluto me refiero a estos ataques de inspiración, que también) cómo me siento. Una persona de fé diría que es una agitación que siente el alma, y una de ciencia que es un conjunto de hormonas que ha segregado mi cerebro afectando al hipotálamo. Personalmente creo que esas hormonas han puesto a mi alma alterada, y eso es bueno, porque hay que reconocer que llevaba tiempo un tanto adormilada.
He visto a los cientos de personajes que se me ocurren metidos en mi habitación, rodeando mi cama. Al atormentado Jacob, comiendo y mascando el odio que alberga en su interior, despreciando todo lo que le rodea; a Aly, llorando en un rincón, junto a mi armario, sentada, con el rimmel corrido de llorar, esbozando una leve sonrisa, y agarrando por el cuello una botella de Stolisnaya…
Y así podría pasarme la noche entera, describiendo a todos los que se encuentran mirándome alrededor de mi cama, observándome, fijando su mirada en mi sin inmutarse. Ni siquiera Lily, la estadounidense que lleva ni se sabe cuánto en España y que odia tremendamente el humo de los cigarrillos.
Quizá penséis que soy esquizofrénico, pero tranquilos: No me hablan. En el momento en que empiecen a mantener conversaciones conmigo, os avisaré para que me recomendéis un buen psiquiatra. Es lo bello de escribir: Siempre hay un buen momento para imaginar a personas, que tienen sus vidas y que interactúan entre sí. Quizá esas personas existan de verdad en algún lugar del planeta, alguna de esas incluso puede que vivan cerca de mi o les haya conocido alguna vez. Uno desarrolla la imaginación.
La verdad es que la imaginación es de esas pocas cosas que quedan en el mundo que está infravalorada. A medida que nos hacemos mayores, vamos siendo conscientes del mundo real, y nos hacemos incapaces de crear en nuestras mentes mundos paralelos y de fantasía. Así nos encontramos, cuando leemos un libro o vemos una película, con frases como “¿Has leído El Señor de los Anillos? ¡Qué derroche de imaginación!” “¡La última película de Almodóvar, es fruto de una imaginación desbordada!”. Nos sentimos incapaces de crear algo ficticio, y nos maravillamos cuando alguien lo consigue. Sin embargo, los que tienen contacto con los niños sabrán que son ellos los que más desarrollado tienen el sentido de crear. Les vemos haciendo de un jardín una casa, de una escalinata un barco pirata o de un palo una espada. Vamos perdiendo ese sentido y es una pena.
Quizá sea porque vamos sustituyendo la imaginación por la memoria, o porque simplemente nos hemos desencantado por la vida.
Por eso, estos momentos de bombardeo de ideas me hacen sentir vivo. Porque me hacen ser consciente de que ese sentido imaginativo, por pequeño que sea lo conservo, y porque la memoria no está ganando del todo la batalla. Es más, podría decirse que memoria y creatividad están firmando un tratado de paz.
Supongo que ahora es el momento de, como dice el dicho, darle alas a la imaginación… Pero no para que se escape, sino para que crezca y se desarrolle.
Octubre 29, 2008 at 7:39 am
Parece que poco a poco te vas poniendo las pilas….eso está bien,pero que muy bien.
Por otro lado y entrando en materia si ahora no es época para la imaginación creo que esa época nunca llegará,mejor imposible….es lo único gratis que conozco y según esta la cosa….
Ah!…y yo me decanto por la vida,pero dentro de la vida entiendo esos momentos y esos mundos sin los que algunos,los que entienden la vida como yo la entiendo, seriamos incapaces de tirar para adelante.